Eutanasia

8/23/2006

Estadisticas

La utilización de la eutanasia y el suicidio médicamente asistido resulta, a nivel
general, poco probable y hasta contraproducente. Se han presentado recientemente
muchas encuestas y otros datos empíricos que nos hacen ver cuán irrelevante sería el
permitir la eutanasia y el suicidio médicamente asistido como medio para garantizar
una mejor calidad en el cuidado del que está por morir.

Existe una amplia evidencia de que el proceso que se sigue con el paciente terminal está
lejos de ser óptimo. Muchos de estos pacientes sufren innecesariamente síntomas físicos
como dolor, dysnopea, nauseas y vómito; un buen número padecen depresión no
tratada, ansiedad y sensación de desesperanza; y no son pocos los que sienten que han
perdido su dignidad. Justamente esta percepción de que la muerte es un proceso
doloroso, rodeado de padecimientos innecesarios y de la pérdida de la dignidad, ha
impulsado a realizar campañas –con apoyo público– a favor de la legalización de la
eutanasia y el suicidio médicamente asistido.

La única justificación real para legalizar la eutanasia y el suicidio médicamente asistido
está el evitar la situación dolorosa mencionada. Pero, ¿se ha logrado evitarla? Parece
que no. Inclusive en Oregon y en Holanda, la eutanasia y el suicidio médicamente
asistido han sido utilizados por una muy pequeña minoría de casos de enfermos
terminales. La información más reciente de Oregon nos muestra que sólo 9 de 10000
muertes (0.009%) han ocurrido por suicidio médicamente asistido. En los Países
Bajos, inclusive después de 20 años de práctica e incluyendo la eutanasia involuntaria
(cuando falta el consentimiento contemporáneo del paciente o se violan las medidas de
protección), solamente el 3.4% de todas las muertes se han realizado por eutanasia o
suicidio médicamente asistido . Esta información nos hace ver que en Oregon, más
de 99% de todos los fallecimientos, y en Holanda, un número que supera el 96% han
ocurrido sin una actuación voluntaria de poner fin a la vida . También es cierto, en
contrapartida, que el número de pacientes holandeses que preguntan por eutanasia es
tres veces mayor al de aquellos que finalmente la utilizan; pero incluyendo a estos
pacientes, la eutanasia y el suicidio médicamente asistido no juegan ningún papel en el
90% de los pacientes terminales. Por lo tanto, si el objetivo de estas prácticas es
mejorar la calidad del cuidado de aquellas personas que se encuentran en los últimos
momentos de su vida, la batalla por legalizar la eutanasia resulta emocionalmente
cargada de irrelevancia.